1 de junio de 2014

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Los eventos sucedidos en el festejo de nuestro cumpleaños número 18 son totalmente poco claros, y poco relevantes para el transcurso de la historia. Definitivamente la fiesta fue un éxito, y definitivamente rompí esas promesas de nunca dejar que Nacho y yo nos volviéramos a embriagar así. De hecho tuve que reafirmar al menos la mía porque todo lo que tomé e hice ese día son cosas que uno no querría volver a hacer. Y menos si las recordara. Digamos que esto fue otro de esos eventos que, a lo largo del tiempo que estuve con él, fueron bastante importantes al menos en mi desarrollo como persona.

 Un hecho sí muy importante de esta fiesta, y aunque poco recuerde sobre eso, es que le propusimos a Eric que agarre el bajo que tenía en su casa, y que empiece a practicar para tocar con nosotros. No sé si se lo tomó en serio o no, pero la cuestión es que a fin de mes sería nuestro nuevo bajista. Eric había conocido a Nacho en mi casa a principios del verano, y después lo veía seguido en la escuela (los dos cursaban a la noche).

Con esta nueva incorporación, y siempre y cuando Eric practicara con el bajo, la banda estaba completa y eventualmente sería la formación definitiva. Creo que nos juntamos a ensayar los sábados en la pieza de Nacho porque el resto de los días Eric laburaba y estudiaba. Esos días realmente fueron los mejores que tuve como banda, encerrados 2 horas en una habitación, transpirando en pleno invierno, haciendo los covers más sucios y ruidosos de toda la vida de la banda, e incluso flasheando zapadas nirvanosas.

De estos ensayos salieron nuestros únicos dos temas como banda: Cuadrados y Getting Low And Lonely. La primera salió de un riff que tenía más bien pensado como para la parte media, o bridge, y que sería como el cambio total de la misma. Terminó siendo el riff principal y el verso. Era un robo a mano armada de la canción Ride, de The Vines, pero de eso me daría cuenta más tarde. Había una tercer canción que salió de una zapada, pero nunca le dimos la suficiente bola así que quedó en la muerte.

Lo que más me llenaba de ensayar con Nacho y Eric, era el hecho de que en realidad éramos tres amigos haciendo música, así que el ambiente era totalmente amistoso y agradable. No había exigencias y se trataba de hacer todo con el consentimiento mutuo.

Las juntadas a ensayar siguieron por aproximadamente un mes y medio hasta que las canciones ya estaban pulidas (teníamos alrededor de 15 temas ensayados). Y, como era de esperarse, apareció la oportunidad de tocar en vivo.

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