Entonces teníamos una banda. Teníamos una banda? Joaquin me había dicho que Nacho lo había aceptado, pero a mí todavía no. Pensé: "capaz el chabón no quiere saber nada, y yo acá re molestando". De todas formas, la comunicación era entre él y Joaquin, hasta que un día me aceptó. Habíamos arreglado un ensayo para Diciembre, pero nada realmente se concretó. Después venían las fiestas y todos estuvimos de acuerdo en que era mejor esperar hasta después de Año Nuevo.
Un día, y no sé porque razón, pasé por la misma casa del batero (que ya sabía que era él) con la guitarra a cuestas, y en eso me lo cruzo a él con un amigo, estaba arriba de una bici. Lo saludo, y le digo: "che, tenemos que ensayar". Él me responde: "sí, de una" y al otro día creo que me escribió al Facebook. Finalmente ese día llegó.
Nos juntamos a ensayar, improvisamos sonido con unos amplificadores que eran demasiado chiquitos para lo que era su batería, y para la voz usamos unas cajas que "eran de su hermano". Era inevitable tocar cada canción con una sonrisa en la cara, sabiendo que todos mis deseos de volver a hacer música se estaban cumpliendo. Además, la gente que tenía adelante mío era perfecta: tocaban muy bien, disfrutaban lo que hacíamos, pero.. No sabía nada de Nacho. No había aparecido ni su vieja, ni su viejo, ni su hermano en todo el ensayo, lo cual me parecía raro pero tampoco dejé que acapare toda mi atención.
El primer post-ensayo fue bastante incómodo, poco se decía, de poco se hablaba y no tenía completas esperanzas de que a él le haya gustado como sonamos. Esa situación me tuvo preocupado por un tiempo. Pero cuando volví a mi casa, todo transpirado y casi disfónico, sabía que ese día había alcanzado una de mis metas, y que si lo quería podía seguir superándola.

No hay comentarios:
Publicar un comentario